Alto Alentejo (Badajoz-Lisboa. Antigua ecovia 1)

Datos de la ruta

  • Zona: Alto Alentejo.
  • Duración: 5 días.
  • Tipo de recorrido: lineal.
  • Tipo de firme: combinación de buenas pistas con carreteras con poco tráfico. A medida que nos acercamos a la capital lusitana los caminos ganan protagonismo al asfalto. Ciclabilidad del 100% y desniveles, en general, muy suaves.

Descripción

Ante las perspectivas de frío que planeaban sobre la península iniciamos una búsqueda intensiva de destino para los pocos días disponibles que teníamos por delante. Casi por azar, nos topamos con una página interesante de rutas cicloturistas en Portugal. Entre ellas, esta propuesta: la ecovía 1. Esta ecovía une la ciudad de Badajoz con la capital de Portugal abriéndose camino por el Alto Alentejo. No nos lo pensamos, pusimos rumbo a poniente para disfrutar de este recorrido (posteriormente u mensaje del autor nos ha aclarado que esta ecovía ha quedado obsoleta y ha sido modificada integrándose en las ecovías 2, 12 y 14).

Día 1. Badajoz-Arcos (72 km-790 m)

La mañana se presenta despejada y fría, pero nada que ver con el frío que parece haber llegado al centro peninsular. Dejamos Badajoz atrás atravesando las aguas del Guadiana por el Puente Real. Nos sorprende encontrar un carril bici que nos deja al borde de la frontera, marcada por el pequeño río Caya.

Puente Real. Badajoz

Puente Real. Badajoz

Los primeros kilómetros discurren por tierras de viñedos. En algunos puntos encontramos barro debido a las lluvias de la noche anterior pero, en general, las pistas son muy buenas, sin desnivel y tranquilas. En el horizonte se dibuja la blanca población de Elvas que destaca sobre la pequeña colina sobre la que se asienta. El recorrido se retuerce evitando las carreteras y entramos a Elvas por el noreste.

Elvas concentra una importante selección de fortificaciones-baluarte que recuerdan a otras poblaciones fronterizas como Almeida, la cual visitamos en nuestro recorrido de la Ciudades amuralladas (GR-80). Este conjunto, así como el centro de la ciudad, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el 2012.

Entre las numerosas fortificaciones también se encuentra el acueducto Da Amoreira (o acueducto de Mulberry) construido en el siglo XVI, aunque no correría agua por él hasta los primeros años del siglo XVII, con el objetivo de soportar largos asedios. Esta inmensa obra civil se extiende a lo largo de casi 8 kilómetros y, sin duda, es una de las imágenes más representativas de esta hermosa localidad del Alentejo portugués.

Acueducto Mulberry. Elvas. Alto Alentejo

Acueducto Mulberry. Elvas

Dejamos Elvas siguiendo el asfalto de la N372 durante varios kilómetros. Pequeños desvíos nos sacan por breves instantes de la carretera para devolvernos a ella a los pocos kilómetros. A nuestro alrededor extensos campos agrícolas delimitados por vallas infinitas. Nuestro pedaleo nos llevas a diminutas poblaciones de casas blancas con los marcos de las ventanas y las puertas pintadas de intensos colores, donde el azul predomina.

Tras pasar Vila Fernando y Santo Aleixo, nos adentramos en la Serra de Aires donde son las dehesas de encinas y alcornoques las que ahora delimitan los caminos. Sin apenas desniveles dignos de tal nombre, atravesamos AlcraviÇa con la premura de un sol cada vez más debilitado en el horizonte. Con el frío colándose por la chaqueta nos detenemos en la población de Arcos para darnos el lujo de pernoctar en un precioso hotel rural.

Hotel rural. Arcos

Hotel rural. Arcos

Para cenar no encontramos más que una tasca (sin ninguna indicación exterior) donde el vino era excelente y casero.

Día 2. Arcos-Avis (64 km-515 m)

No madrugamos mucho. Un nuevo día soleado nos espera, aunque el frío de las primeras horas de la mañana me provoca algún temblor. Apenas 6 kilómetros nos separan de Estremoz donde llegamos en pocos minutos. Ascendemos por las calles empedradas y estrechas de esta coqueta población. En lo más alto, el Castillo de Estremoz cuya construcción se cree fue realizada durante el reinado de Alfonso III (siglo XIII).

La construcción más visibles de esta fortaleza es la gran torre del homenaje que vigila las calles estrechas que se desbordan por las laderas. En la plaza, una estatua dedicada a Isabel de Aragón (Santa Isabel), esposa de Dionisio I.

Torre del homenaje. Castillo de Estremoz

Torre del homenaje. Castillo de Estremoz

Al dejar atrás Estremoz nos seguimos por pequeñas carreteras entre fincas y pistas de buen firme. A nuestro alrededor inmensos olivares donde grupos numerosos se afanan en golpear los olivos, estamos en plena recogida de la aceituna. Junto a los olivos, los alcornoques muestras su desnudez rojiza mezclada con un intenso olor a jara.

Entre alcornoques y jaras

Entre alcornoques y jaras

Evitamos numerosos tramos de carretera por pistas que discurren paralelas al bacheado asfalto. Sin pasar por ninguna población, llegamos a Sousel. Apenas nos detenemos, para seguir hasta la pequeña población de Cano.

En las calles de Cano nos detenemos a hablar con una mujer. Nos habla sin apenas entenderla, no parece ser consciente de que no hablamos ni una palabra de portugués por más que insistimos a este respecto. Entre palabras aceleradas alcanzo a entender algunas cosas: un sobrino es arqueólogo, en el pueblo hay poca gente porque todo el mundo se ha ido a Lisboa…y entre medias nos dice que tengamos cuidado con los piratas. “¿Los piratas?”, preguntamos sin entender. Muy seria, afirma con la cabeza e insiste en que tengamos cuidado. Seguimos nuestro camino con la duda de si se refiere a ladrones o algún otro peligro que no hemos alcanzado a entender.

Las pistas enlazan tramos de asfalto, flanqueados siempre por vallas que delimitan amplias dehesas donde piaras de hermosos cerdos nos persiguen que nos llevan hasta Ervedal. Descendemos hasta el embalse formado por las aguas del río Grande. Nos quedamos pasmados ante la imagen de un lecho seco, el agua ni se intuye. A pesar de todo, los colores del otoño decoran este día luminoso y hasta el gris del asfalto adquiere otro color.

Otoño en el Alto Alentejo

Otoño en el Alto Alentejo

Evitamos la N243 por pistas y a los pocos kilómetros aterrizamos en Avis. Una localidad de calles empedradas, empinadas y silenciosas. Entre las numerosas casas abandonadas los gatos merodean. Nosotros optamos por un buen descanso, la jornada de mañana promete ser larga y hemos decidido madrugar más de lo habitual.

Día 3. Avis-Coruche (90 km-830 m)

Para variar y romper con nuestros habitamos, madrugamos y a las 8:30 ya estamos sobre la bicicleta. Nos ha recibido un día húmedo y frío. A nuestro alrededor una espesa niebla contra la que retumban lo que parecen disparos. Niebla, bici y cazadores, mala combinación.

Dejamos Avis por carreteras estrechas y de mal asfalto que se asemeja más a una pista asfaltada que a una carretera. El paisaje parece un calco del que os ha acompañado en los pasado día: amplias dehesas y una valle que nos marca el camino sin posibilidad de pérdida. Empiezo a tener la sensación de que Portugal es una valla infinita. Evitamos nacionales por pequeñas carreteras con un recorrido algo extraño y enrevesado, pero tranquilo y sin apenas coches.

Atravesamos una finca agrícola y tres perros nos salen al paso con ladridos de pocos amigos. Se aproximan peligrosamente, así que aceleramos. Parecen cansarse a los pocos metros (el tema de los perros daría para un post). Atravesamos el río de Seda y me sorprende escuchar el sonido de sus aguas tras el espectáculo del día anterior. Está claro, el agua es la vida.

Río de Seda

Río de Seda

La llegada a CabeÇao rompe la monotonía del asfalto. Una pista nos conduce hasta la localidad rodeados de un paisaje invernal que parece haber vencido al omnipresente vallado de los últimos kilómetros.

Llegada a CabeÇao

Llegada a CabeÇao

A la salida de la localidad nos adentramos en un denso pinar. Con el olor a resina impregnado en las fosas nasales llegamos al acuario de Mora (en el parque ecológico de Gameiro), donde las voces lanzadas por altaoces nos hacen, por unos instantes, abandonar loas caminos silenciosos y solitarios. Parece que nos encontramos en medio de una prueba deportiva, pero no llegamos a adivinar de qué se trata.

El espejismo dura poco, y tras atravesar la presa que retiene as aguas del río de Raia, volvemos de nuevo a nuestras soledades que nos arrastra hasta la localidad de Mora. A partir de este punto nuestro recorrido está marcado por densos pinares y pistas de tierra fina. El avance se hace complicado, las ruedas se clavan en la arena fina y en las bajadas tenemos que ir con cuidado para evitar alguna caída. Continuas subidas y bajadas van sumando desnivel.

Pinares y pistas de tierra

Pinares y pistas de tierra

A pesar de la dificultad, disfrutamos de la naturaleza solitaria. No hay ruido, solo el sonido de los pájaros y de nuestras propias ruedas luchando contra la arena rompen el silencio. Son muchos kilómetros de pista, el tramo más largo por pista hasta el momento. Solo el río de Sor y el pequeño pueblo de Santa Justa se incrustan en medio de este pedaleo tranquilo y esforzado.

Finalmente, nos unimos al curso tranquilo del río Sorraia. Una pista, sin apenas desnivel, le acompaña durante varios kilómetros.

Río Sorraia

Río Sorraia

El sol se encuentra bajo cuando llegamos a Coruche, donde llegamos por la parte más alta. Un acusado descenso por sus calles nos devuelve a las aguas tranquilas del río Sorraia y al punto final de la jornada. Un merecido descanso tras una larga jornada.

Día 4. Coruche-Pegoes (53 km-460 m)

Dejamos Coruche tras un descanso reparador y un buen desayuno. Hemos salido más tarde, pues la jornada es considerablemente más corta que la de días anteriores. Dejamos la localidad paralelos al río y nos unimos a lo que parece una antigua vía de tren.

Salida de Coruche

Salida de Coruche

La vía dura poco. Nos desviamos, cambiando nuestra dirección a noventa grados, por pistas menos marcadas y con mucho barro (y eso que las últimas lluvias son de hace cuatro día y no muy copiosas). Avanzamos entre casas dispersas sin apenas rozar el asfalto más que lo necesario para enlazar una pistas con otras.

De nuevo son los pinares los que cobran protagonismo y, por supuesto, las siempre presentes vallas que delimitan nuestras posibilidades. También los alcornoques nos acompañan, en el suelo los trozos de corcho que no se han podido aprovechar. Estoy tentada de llevarme alguno para el Belén, pero lo dejo para el día siguiente. El recorrido es rebuscado, pero bien llevado para evitar tráfico. Y disfrutamos en estas pistas solitarias de buen firme por las que avanzamos a muy buen ritmo.

Pistas entre pinares

Pistas entre pinares

No atravesamos pueblos, apenas vemos gente. El tramo más largo de carretera nos permite salvar el curso del río de Lavre para luego desviarnos de nuevo por pistas. Serpenteamos entre el distrito de Santarém y el distrito Setúbal, para adentrarnos en este último. En nuestro pedaleo atravesamos amplias zonas repobladas que se delatan por la falta del desorden que caracteriza a la naturaleza. Pinos alineados y plantaciones de eucaliptos, son mudas consecuencias del fuego que abrasa cada año las hermosas tierras portuguesas.

Atravesamos el pueblo de Canha. Sus calles marcan el inicio de un poblamiento más denso que gana terreno a los bosques. Seguimos circulando por pistas, pero ahora con nombres de placas relucientes y casas dispersas que indican la presencia de población.

Pegoes onos recibe con sus calles atestadas de tráfico. La proximidad de las grandes urbes se deja notar, y un tráfico permanente de camiones distorsiona la soledad de la que hemos disfrutado estas jornadas. El cruce entre la N10 y la N4 marca el final de esta jornada con olor a despedida.

Día 5. Pegoes-Lisboa (56 km-230 m)

Dejamos que el sueño marque la hora de salida. Hoy tenemos por delante una jornada corta y prácticamente llana. Aprovechamos alguna carretera local en los primero kilómetros para luego avanzar por pistas. Circulamos paralelos a la vía del tren y rodeados de viviendas. No hay rastro de los pinares, de las encinas, ni del corcho (una muestra de la validez del dicho: no dejes para mañana…).

No hay belleza en el paisaje que nos rodea, pero al menos resulta cómodo. No somos conscientes de cambiar de localidad, todo el recorrido es una sucesión de casas. La llegada a Montijo la realizamos de manera extraña: atravesamos un centro comercial en plena efervescencia. Al otro lado un magnífico carril bici (o ciclovía) que nos permite bordear Montijo casi en su totalidad.

Ciclovía en Montijo

Ciclovía en Montijo

Nos llega la humedad del mar, no lo vemos pero se deja sentir. El olor del final golpea nuestras fosas nasales. Los últimos kilómetros los realizamos para llegar a  la estación fluvial. Por un módico precio nos montamos en un moderno ferry, con nuestras bicis, y atravesamos el delta del Tajo que vierte aquí sus aguas en el océano Atlántico tras un largo viaje por toda la península.

Delta del Tajo

Delta del Tajo

El trayecto sobre las aguas dura media hora y nos deja en la estación fluvial del Terreiro do PaÇo, en Lisboa.

Estación fluvial del Terreiro do PaÇo

Estación fluvial del Terreiro do PaÇo

Aquí finaliza nuestro recorrido. Tristes pero contentos por el objetivo cumplido, nos perdemos por las calles de Lisboa. Aprovechamos las horas que tenemos hasta el viaje de regreso a Badajoz para impregnarnos del ambiente navideño en el mercadillo instalado en el parque de Eduardo VII. Y ahora así, solo nos queda regresar, con el deseo profundo de reencontrarnos en el futuro con estas tierras que tan buenos momentos nos han regalado.

Recorrido

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Información práctica

  • La página de donde hemos extraído la información para la realización de esta ruta en la de Rede Nacional de Cicloturismo. Aquí se puede adquirir un libro con toda la información pormenorizada de numerosas rutas cicloturistas en el país vecino.
  • Existe una interesante página con información de numerosas ciclovías en Portugal: http://www.ciclovia.pt/
  • El track del recorrido podéis encontrarlo en: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2121776
  • El autor de las ecovías nos ha enviado un mensaje para indicarnos que esta ecovía 1 ha sufrido modificaciones y ha pasado a ser parte de las ecovías 2, 12 y 14 (razón por la que hemos modificado la referencia a la ecovía 1 en el título de la entrada). Además el autor prevé tener identificada para 2025 una red de 7000 kilómetros aproximadamente. Agradecer desde aquí el amable mensaje del autor con esta aclaración.

 

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