Pueblos abandonados de Tierras Altas

Datos de la ruta

  • Zona:  Tierras Altas sorianas.
  • Duración: 2 días.
  • Tipo de recorrido: circular.
  • Tipo de firme: carreteras secundarias y pistas con buen firme. Algún tramo corto de sendero. Algún paso no ciclable en la primera jornada.

Descripción

Nos encaminamos a las Tierras Altas de Soria uno de los lugares con menor densidad de población de toda la Península. El objetivo, conocer un buen número de pueblos abandonados situados en esta zona.

No es la primera vez que nos acercamos a este rincón peninsular. Hace unos meses seguimos el PR-SO 107 por el valle del río Linares, en aquella ocasión fueron tres los pueblos abandonados a los que nos pudimos acercar: Vea, Peñazcurna y Villarijo (a los dos primeros solo es posible acceder a pie).

Durante nuestra anterior visita ya vimos las posibilidades las Tierras Altas para la bicicleta y hemos querido comprobarlo. El lugar no ha decepcionado.

Día 1. San Pedro Manrique-La Vega (63.5 km-1280 m)

Iniciamos el recorrido por las Tierras Altas en su capital: San Pedro Manrique. El día está soleado y caluroso, como siempre empezamos tarde.

En los primeros kilómetros seguimos la carretera SO-P-1102 cómoda y sin tráfico. Ganamos altura de forma gradual entre campos de cultivo. A la altura de Palacio de San Pedro, nos desviamos por una pista ancha que nos lleva a Las Fuentes de San Pedro. Este pueblo, situado a la sombra del arroyo del Valle, aún muestra casas en bastante buen estado. Según hemos leído, queda algún habitante pero no vemos un alma a nuestro paso.

Las Fuentes de San Pedro

Las Fuentes de San Pedro

Las casas apelotonan en un rincón de abundante sombra y rodeado de tierras fértiles. El deterioro en las viviendas es evidente, la mayor parte de los edificios se encuentran en estado de ruina. La sensación que nos llevamos es que, si no está abandonado ya, este será el siguiente pueblo abandonado de las Tierras Altas.

Volvemos a retomar la carretera que hemos abandonado a penas dos kilómetros antes. El asfalto nos lleva hasta el pueblo de Huérteles. Sin apenas detenernos, tomamos la carretera SO-615, para desviarnos de nuevo tres kilómetros después.

Ahora seguimos una carretera llena de parches. A los cincuenta metros nos encontramos con la silueta de las casas de Villaseca Bajera, unas pocas casas en medio de campos de labor. Me sorprende encontrar un pueblo abandonado tan próximo a la carretera y bien comunicado.

Llegada a Villaseca Bajera

Llegada a Villaseca Bajera

La despoblación de este núcleo se completó, como en casi todos los pueblos abandonados de la zona, a mediados del siglo XX. De los 250 vecinos con los que contaba a mediados del siglo XIX, pasó a sólo cinco en 1961.

La carretera nos conduce en un pronunciado descenso hasta el pueblo de Valduérteles. Es un puro contraste con el anterior. Encajado entre los pliegues de la accidentada orografía, sus casas estás cuidadas, el pueblo arreglado y nos encontramos a numerosas personas paseando. A pesar de toda esta vida, el pueblo desprende el aroma típico de la población de fin de semana y veraniega. Una atmmósfera de cierta artificialidad.

Valduérteles

Valduérteles

Desde este punto descendemos hasta encontrarnos con el curso del río Cidacos cuya ribera se ve escoltada por un una hilera de altos árboles. Tras el descenso, hay que ascender. Nos unimos a una carretera recién arreglada hasta llegar a Bretún. Hacemos una pequeña parada para ver las icnitas (huellas fósiles de dinosaurios) situadas en esta localidad.

Las primeras icnitas las localizamos a la entrada del pueblo. No hay muchas y nos cuesta verlas. Seguimos por la carretera y nos encontramos con nuevas indicaciones de icnitas: Fuente Lacorte, al lado de la carretera; y El Frontal, para verla tenemos que ascender unos pocos metros. Aquí hay un registro numeroso de icnitas del Cretácico Superior perteneciente a terópodos y ornitópodos.

Icnitas. El Frontal. Bretún

Icnitas. El Frontal. Bretún

Continuamos en ligero ascenso y paralelos al barranco de la Fuente Mingo. No dejamos la carretera hasta llegar a la aldea de La Laguna, donde encontramos a cuatro personas que insisten en llamarnos forasteros. Intercambiamos unos minutos de conversación. Hasta ellos son conscientes del futuro de abandono al que se ve avocado su pueblo. Aislados y con una mínima población de ancianos, no parecen vislumbrar ninguna solución.

Iniciamos un vertiginoso descenso por una pista pedregosa y en no muy buen estado, que nos conduce hasta las profundidades de un pequeño valle por el que circulan las aguas del río Baos. La pista que debería estar no está, así que seguimos las marcas blancas y amarillas de Sendero de Pequeño Recorrido (correspondientes al PR-SO 22: Sendedro alto del río Baos).

Descenso al río Baos

Descenso al río Baos

El PR se adentra por un estrecho sendero poco marcado entre rocas. En algunos tramos pedaleamos, pero durante algunos cortos tramos nos vemos obligados a empujar nuestras bicicletas . Rodeados de bosques y la melodía del río Baos, que retumba ante la absoluta soledad que nos rodea, hacen más llevadero el esfuerzo.

PR-SO 22: sendero alto del río Baos

PR-SO 22: sendero alto del río Baos

No es mucha la distancia, pero empujar las bicis con el peso de las alforjas cuesta. Un último escalón rocoso nos obliga a hacer algunos malabarismos para conseguir bajar las bicis y retomar la pista que nos lleva hasta la carretera (existe la posibilidad de evitar este tramo tomando una pista que sale a la entrada de La Laguna y que nos lleva al pueblo de Valdecantos).

El asfalto nos lleva sin mayores problemas hasta la población de Santa Cruz de Yanguas. Junto al río Baos nos topamos con el parque de Valdarcel, una magnífica área recreativa rodeada de chopos, nogales, con fuente y abundante sombra.

A pocos metros se sitúan Los Tormos, un grupo de icnitas del Cretácico de terópodos, ornitópodos y pterosaurios. Para llegar al lugar tendremos que atravesar un hermoso puente sobre el río. Aquí vemos indicaciones del GR-86, que se dirige a Almarza y se pierde entre la vegetación que crece a la orilla del río.

Los Tormos. Santa Cruz de Yanguas

Los Tormos. Santa Cruz de Yanguas

En Santa Cruz  Yanguas nos despedimos de los núcleos urbanos y nos adentramos en las montañas que separan a Soria de la próxima provincia de La Rioja. El río Baos será nuestra brújula durante los primeros kilómetros. La pista que seguimos es de buen trazado y con pendiente continua, pero suave.

Los pinos ganan espacio al resto de especies. Nos encontramos con grandes acumulaciones de troncos cortados recientemente que desprenden un penetrante olor a resina. El cielo se oscurece y los pájaros mantienen una fiesta sobre nuestras cabezas.

Pista de ascenso

Pista de ascenso

Hay numerosas bifurcaciones de pistas utilizadas para la explotación maderera del entorno. Nosotros ascendemos de forma constante hasta situarnos en torno a los 1500 metros de altitud. En esta cota iniciamos un recorrido de continuas subidas y bajadas, abriéndonos camino por los espesos pinares. La pista recorre sinuosa la ladera de Cumbre de Monte durante bastantes kilómetros. No nos encontramos con nadie. Solo una par de jabalíes despistados huyen despavoridos ante nuestra presencia.

Nuestro pedaleo alcanza en estos kilómetros las mayores altitudes de las Tierras Altas. Circulamos por encima del nacimiento de los ríos y rozamos en alguna ocasión el límite provincial.  Tras recorrer de oeste a este estas alturas, iniciamos el descenso. Dejamos atrás los pinares para adentrarnos en el fértil valle del barranco de Sancabrás, lleno de terrazas hoy abandonadas.

Rodeado de montañas, frutales y las exiguas aguas del barranco se localiza la población de La Vega. A pesar de lo poco accesible del lugar, en el pueblo vemos gente y casas arregladas lo que indica que, aunque solo sea los fines de semana, este pequeño pueblo aún conserva un soplo de vida.

Proximidades de La Vega

Proximidades de La Vega

En este paradisíaco lugar damos por concluida la jornada. Disfrutamos de un atardecer colmado por los sonidos de la naturaleza y alejados de la humanidad.

Día 2. La Vega-San Pedro Manrique (46.5 km-1040 m)

Despertamos con un aire frío y el cielo cubierto que no invitan a ponerse en marcha. Alargamos todo lo que podemos el momento de iniciar la jornada.

Inicio de la jornada

Inicio de la jornada

A los pocos kilómetros de dejar atrás La Vega, nos desviamos por una pista de peor firme e iniciamos una subida de fuerte pendiente para llegar al pueblo abandonado de Lería, un pueblo confinado y aislado a casi 1200 metros de altitud en el barranco con el que comparte el nombre.

Lería

Lería

La luz eléctrica llegó a esta población, pero no fue suficiente incentivo para que sus habitantes no buscasen lugares más benignos. Aquí los inviernos eran duros y se veían obligados a largas jornadas para realizar las compras en Yanguas, situada a hora y media andando. En 1960 tan solo treinta personas seguían aguantando estas duras condiciones de vida. El pueblo quedó definitivamente abandonado a finales de los 60.

Pasear por las calles de esta pequeña población es una experiencia hipnótica. Muchas de sus casas mantienen en bastante buen estado las carcasas exteriores, a través de sus ventanas se vislumbra el derrumbe interior.

Plaza y fuente. Lería

Plaza y fuente. Lería

Transitamos por las calles ahora silenciosas de la aldea. Muchas partes son intransitables debido a la vegetación que gana terreno con el paso del tiempo. El agua de la fuente hace casi imposible descender por una de las calles debido al barro acumulado. Nos abrimos camino como podemos a través de espinos y derrumbes hasta la zona baja, hacia las eras. La panorámica es magnífica, me gustaría imaginar lo que debía ser ver esta postal cada día. Supongo que no lo suficiente para convencer a nadie de quedarse.

Nos llama la atención que no exista ninguna ruta senderista que se acerque hasta este hermoso rincón. Sin duda esto hace que no sean muchas las visitas que reciben estas casas de cuencas vacías.

Tras la visita nos despedimos de los fantasmales habitantes y desandamos el camino hasta el punto en el que nos desviamos para Lería. Ahora nuestras rodadas inician un fuerte descenso hacia el profundo valle del Cidacos. Vuelvo por última vez la mirada hacia el lugar donde se esconde La Vega para disfrutar de la melodía de este increíble rincón de las Tierras Altas.

Barranco de Sancabrás

Barranco de Sancabrás

Al final del vertiginoso descenso nos reecontramos con el asfalto y con unas señales que indican las obras de la presa del Cidacos (debido a la construcción de esta presa el pueblo de Las Ruedas de Enciso, ya en territorio riojano, ha sido desalojado y sucumbirá bajo las aguas del pantano. Un triste final para un hermoso pueblo).

Las altas paredes nos escoltan hasta la población de Yanguas. Desde aquí seguimos la carretera SO-P-1130, que nos llevará hasta una buena colección de pueblos abandonados de la zona. En primer lugar nos acercamos al despoblado de La Mata, al que llegamos por pista y un último tramo andando. Este pueblo se sitúa en un alto desde el que podemos visualizar a la cercana Yanguas.

La Mata

La Mata

Paseamos por sus calles, el estado de ruina es palpable. Lo primero que vemos es la fuente, ahora seca, y sobre ésta la Casa el Consejo. Al lado se alza la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, su interior aparece invadido por la vegetación. Podemos ver restos de algunas tumbas esparcidos. Aún así conserva una dignidad sobria.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Nos extraña su abandono pues apenas dista un par de kilómetros de Yanguas, pero lo cierto es que los últimos habitantes de La Mata cerraron la puerta de su casa en el año 1967. Abandonamos el pueblo por el camino que lleva hasta la Ermita de la Virgen de la Soledad y nos despedimos de este hermoso lugar.

Retomamos la carretera que dejamos para desviarnos a La Mata. Tras una corta subida llegamos al pueblo del Vellosillo por la pista que se dirige a la Ermita de San Sebastián.

Vellosillo

Vellosillo

En sus calles no vemos un alma, pero algunas de las casas están rehabilitadas. Sus calles apenas se vislumbran bajo la hierba que crece salvaje entre las viviendas.

Seguimos el trazado de la carretera para acercarnos a Camporredondo que lucha por sobrevivir entre un tupido arbolado a orillas del río Hostaza, afluente de río Cidacos. Un rincón bucólico al que se llega tras superar las aguas por un hermoso puente de piedra. Algunas casas se ven arregladas y la presencia de algún coche denuncia la presencia de habitantes los fines de semana, lo que seguramente ha evitado la muerte total del pueblo.

Iglesia de Camporredondo

Iglesia de Camporredondo

Volvemos por la misma carretera por la que hemos llegado hasta este pueblo hasta pasado Vellosillo, donde nos desviamos por pistas hasta las proximidades de Villar del Río. No entramos en la población, sino que seguimos la carretera para adentrarnos por el barranco del Valle, siguiendo la carretera SO-630.

Iniciamos así el último tramo de nuestro recorrido por las Tierras Altas y sus despoblados. Al kilómetro y medio de iniciar el ascenso por esta pequeña carretera nos desviamos hacia el pueblo deshabitado de Aldealcardo (indicado). Un eufemístico cartel nos indica que el firme se encuentra en mal estado.

Tras apenas un kilómetro llegamos a Aldealcardo, escondido tras una pequeña loma. Parece que el origen de la despoblación se encuentra en las repoblaciones acometidas por el estado a mediados del siglo XX que provocaron el cambio en los usos del suelo. Hoy solo queda un laberinto de osamentas en peligro de derrumbe.

Iglesia Parroquial de San Clemente. Aldealcardo

Iglesia Parroquial de San Clemente. Aldealcardo

Sobre las viviendas decrépitas y las calles apenas transitables, destaca la silueta de la Iglesia Parroquial de San Clemente. Junto a ella el cementerio del pueblo en el que reposan los pocos que ha permanecido en este hermoso lugar.

A pesar de que el pueblo está indicado en la carretera nadie parece visitar este lugar. Sin embargo, cuando estamos paseando entre las ruinas nos encontramos con un hombre: mochila al hombro, deportivas, barba y el asta de un ciervo en la mano. Nos comenta que viene desde Enciso andando y nos comenta que muchos de los nacidos en esta aldea viven ahora en Villar del Río, localidad muy próxima. Nos despedimos y nosotros dedicamos unos minutos más a respirar la tristeza que se desprende de los techos derrumbados y las vigas partidas.

Retomamos la carretera. En continua pendiente ascendente, pasamos por el pueblo de La Cuesta y nos desviamos a conocer Taniñe. Una extraña mezcla entre el abandono y casas arregladas y de buena factura que denota la ocupación de fin de semana, incluso existe una casa rural.

Muestra del abandono es el estado de la Iglesia Parroquial de Santiago, usada como almacén, que las voces y las risas de algunos niños hacen olvidar.

Iglesia Parroquial de Santiago

Iglesia Parroquial de Santiago

Dejamos Taniñe para recorrer los últimos kilómetros de nuestro recorrido por las Tierras Altas. En apenas tres kilómetros alcanzamos las calles de San Pedro Manrique. Tras dos días recorriendo el silencio de los pueblos abandonados de Tierras Altas, San Pedro Manrique nos asalta de forma estridente con los ruidos de la vida.

Recorrido

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Información práctica

Bibliografía

  • ALONSO, PILAR; GIL, ALBERTO. Pueblos abandonas. Editorial Susaeta.

 

 

 

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