Pueblos abandonados de Tierra de Medinaceli

Datos de la ruta

  • Zona: Tierra de Medinaceli, Sierra de Solorio.
  • Duración: 2 días.
  • Tipo de recorrido: circular.
  • Tipo de firme: transcurre por pistas y sendas (unos pocos kilómetros de asfalto). Muy exigente físicamente con varios tramos de ciclabilidad limitada y fuertes rampas especialmente al final del recorrido del segundo día.

Descripción

Nos acercamos a Tierra de Medinaceli a recorrer sus caminos y sus soledades. Entre los pliegues de su piel encontramos un buen puñado de pueblos abandonados. Otros muchos perduran amenazados por el riesgo de extinción. Tierras silenciosas de paisajes espectaculares y pasados que descubrir.

No es la primera vez que nos acercamos a la empedrada e histórica localidad de Medinaceli. Ya pasamos por aquí en nuestro recorrido de tres días por la Alcarria y en alguna salida de BTT. Pero ahora vamos a buscar sus tesoros más escondidos, los más solitarios, los más olvidados.

Día 1. Iruecha-Medinaceli (66 km-1100 m)

Iniciamos la ruta en la Sierra de Solorio, en la localidad de Iruecha. No vemos un alma a nuestra llegada, todas las puertas están cerradas. Nos da la bienvenida un aire gélido y un cielo gris, muy diferente del día primaveral que esperábamos. Pero no nos dejamos amedrentar. Nos abrigamos con lo poco que llevamos, montamos las alforjas y nos lanzamos a los caminos.

Los caminos que nos permiten salir de Iruecha son pedregosos. la vegetación predominante: las sabinas y el silencio. Solo el trinar de los pájaros y un viento implacable nos acompañan en nuestra suave ascensión inicial. El camino juega con las curvas del terreno, descendemos por pequeños barrancos.

La pista se convierte en senda al iniciar el descensos hacia la Majada del Descansadero por un estrecho barranco donde algún corzo despistado nos sale al paso.

Descenso a la majada del Descansadero

Descenso a la majada del Descansadero

Retomamos las pistas en cuanto abandonamos el barranco. Ahora las sabinas ceden algo de territorio a los cultivos que, en plena primavera, forman una alfombra verde esponjosa. Al llegar al barranco de Valdelagua nos desviamos y perdemos el buen trazado que nos ha acompañado. Toca subir. Seguimos un camino empedrado casi perdido entre las malas hierbas y restos de todo tipo, para acceder al pueblo de Judes.

El viento sigue ahí, acentuando la soledad que nos envuelve. Los caminos teñidos de sangre nos guían por campos labrados y pequeños barrancos. A lo lejos el reflejo de la laguna de Judes.

Atravesamos la carretera SO-P-3009 para iniciar una amable bajada hasta las ruinas del primer pueblo abandonado que visitamos en esta Tierra de Medinaceli: Obétago. Nos reciben los muros vencidos de sus huertas.

Pueblo abandonado de Obétago (Tierra de Medinaceli)

Pueblo abandonado de Obétago

Nos acercamos a la ermita de San Ginés, que parece haber sido restaurada. A su alrededor algunos cuerpos rotos de casas apenas intuidas. Entre los muros extensas praderas y sobre nuestras cabezas el ruido monótono de los aerogeneradores que decoran estas pequeñas alturas.

Dejamos atrás las ruinas para seguir el descenso hasta el río Blanco y la carretera que lo acompaña. Un poco de asfalto nos permite llegar a la entrada del pueblo de Layna donde nos desviamos siguiendo las indicaciones del Camino del Cid. Es como reencontrarse con un viejo amigo.

Evitando el asfalto llegamos a Sagides, pero apenas nos detenemos nuestro destino es otro. Una fuerte, pero corta, subida nos lleva hasta el collado de la Zarza (1197 m) que es nuestra puerta de entrada al precioso valle del arroyo de los Siete Hoyos. Las vistas son espectaculares desde aquí: el cielo surcado por las nubes y el manto verde sobre fértil suelo. Inspiro toda esa belleza con ansias.

Descendemos veloces hacia el siguiente silencio: Avenales. Situado al borde del barranco formado por el arroyo del Salobral, goza de unas vistas magníficas e impresionantes. Como en casi todos los pueblos, los vecinos iniciaron un lento peregrinaje allá por la década de los 50 y 60. En el año 1972 cerró la puerta el último vecino de este pueblo.

Plaza del pueblo abandonado de Avenales (Tierra de Medinaceli)

Plaza del pueblo abandonado de Avenales

Decidimos evitar por donde hemos venido y buscamos un camino medio perdido a media ladera de La Llanadilla. Sin pretenderlo nos topamos con el cementerio. No puedo evitar la tentación de hacer un visita, contemplar las tumbas y las cruces herrumbrosas: 1920, 1938…Alguna flor de esas que no mueren permanece anclada a una cruz que sobresale entre la hierba.

Pasado el cementerio la senda se cierra un poco y algún arañazo nos llevamos antes de salir de nuevo a un buen camino. Y descendemos a toda velocidad a Velilla de Medinaceli. No paramos. El tiempo empieza a corrernos detrás y aún queda alguna soledad por descubrir.

Ascendemos por una pista ancha que acompaña al arroyo Prado Somero, pero mientras que el arroyo baja, nosotros subimos. Se agradece ahora el viento frío sobre el rostro. No tardamos mucho en llegar a Lomeda.

Pueblo abandonado de Lomeda (Tierra de Medinaceli)

Pueblo abandonado de Lomeda

Las casas se articulan en torno a un enorme espacio cuadrangular que daban cobijo a nueve familias en estas tierras propiedad de la marquesa de la Lapilla. En la zona más alta se sitúa la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, en su interior aún se conserva parte del retablo y el altar mayor, e incluso el confesionario y el púlpito. Aunque parece que algunos desalmados han encontrado diversión en su destrozo. Varias placas situadas en las fachadas hacen referencia a la fecha de construcción de las viviendas, en una de ellas podemos leer el año 1850. Fue en los años 60 cuando este pueblo, que no conoció el agua corriente, vio como se quedaba solo poco a poco.

El sol cae y me disuade de acercarme al cementerio que se ve a lo lejos. Con la sensación de haberme dejado algo, ponemos rumbo a los caminos. Nos topamos con la carretera SO-411, dudamos si seguirla tal como teníamos pensado o descendemos hacia Arbujuelo. Finalmente decidimos descender pero luego tener que ascender una larga cuesta (aquí quizá fuera mejor seguir por carretera para enlazar con el track sin perder altura).

Atravesamos las vías del AVE y nos topamos con una puerta de propiedad privada. Nos lo pensamos unos segundos, pero el camino que debía estar no lo vemos, así que decidimos atravesar la línea ilusoria de la privacidad ya que la puerta está abierta. En apenas unos minutos llegamos a : Villaseca. Las casas se mantienen en pie, se ve el uso que se les sigue dando aunque solo sea como almacenes y para guardar ganado. Al final de su calle encontramos cerrada con candado la ermita de Santa Bárbara.

Apenas nos detenemos. Tras pasar de nuevo las vías del AVE iniciamos el ansiado descenso. Con el cielo teñido de fuego llegamos a la última soledad del día: Sayona.

Sayona (Tierra de Medinaceli)

Sayona

Apenas quedan algunos muros que intentan respirar imponiéndose a la espesa maleza. Parece que más que un pueblo estamos ante un molino que aprovechaba las aguas del arroyo de Sayona. Las malas hierbas no nos permiten penetrar para conocer de cerca lo que esconden los débiles muros. Y el día no nos da tregua para dedicar más tiempo.

Seguimos nuestro camino por buena pista y un viento que parece encontrar en el atardecer energías renovadas. Con poco esfuerzo llegamos a las calles asfaltadas de Medinaceli donde nos espera un merecido descanso.

Día 2. Medinaceli-Iruecha (74 km-1520 m)

Iniciamos el día con un buen desayuno y el mismo aire frío que nos acompañó durante la jornada anterior. Nos enfrentamos a la primera rampa, siguiendo el Camino del Cid, que sigue el antiguo camino de acceso a la localidad de Medinaceli. Tiene alguna rampa dura, pero nos permite apreciar lo que sería el acceso original a esta histórica localidad. Llegamos a la carretera resoplando y abandonados por el frío de la mañana.

Apagamos el GPS y aprovechamos para visitar la localidad y acercarnos al impresionante Arco romano de Medinaceli. Una de esas bellezas arqueológicas tan bien conservadas que hacen dudar del paso del tiempo.

No nos detenemos mucho. Descendemos de nuevo para atravesar la autopista que une la A-2 con Soria. Pero nada más atravesar el asfalto, sorprendetemente vacío, nos empezamos a alejar del alquitrán. Iniciamos un leve ascenso que se convierte casi es escalada, poco antes de llegar al pueblo abandonado de Coversín.

Pueblo abandonado de Coversín. Tierra de Medinaceli

Pueblo abandonado de Coversín

Lo primero que vemos es la desmejorada iglesia, a pocos metros el cementerio. No puedo aplacar la necesidad de acercarme, pero no hay manera de abrir la cancela que ha encerrado a los que allí descansas. Una auténtica selva nos cierra el paso y esconde a los muertos.

Seguimos avanzando por este paisaje primaveral lleno de sonidos alegres. Al llegar a la paridera del infierno nos encontramos con una fuerte subida que asciende vertiginosa hasta los 1150 metros, casi rozando el Alto de la Cruz. Una indicación nos dice que estamos bordeando el barranco de Valladares y una valla nos indica que entramos en propiedad privada.

Iniciamos el descenso, igual de vertiginoso que la subida, por uno de los innumerables barrancos escondidos en esta Tierra de Medinaceli. La senda pedregosa y de pendiente considerable se adentra en el barranco del Bosque, donde se esconde la preciosa ubicación de Yuba.

Pueblo abandonado de Yuba. Tierra de Medinaceli

Pueblo abandonado de Yuba

Este pequeño pueblo abandonado se encuentra asomado al profundo barranco formado por el arroyo Valladar que, con paciencia, ha excavado un profundo tajo. Nos atrevemos a echar un vistazo en alguna de las viviendas. Ahí está el fuego, las alacenas, las escaleras de acceso a las plantas superiores. Actualmente de propiedad privada, se utiliza como coto de caza y refugio de cazadores.

Es difícil despegarse de este paisaje, de estas alturas y de estas arboledas que nos muestran su mejor cara. Nos decidimos a seguir el camino. Disfrutamos de la pista que nos permite bordear los barrancos. Llegamos a zona llana y el horizonte se transforma. Los pliegues pasan a ser llanuras inmensas. La roca se convierte en campos de cultivo. Atrás han quedado los prados verdes y el sonido del agua.

Una pista ancha y disfrutona nos lleva hasta el pueblo abandonado de Valladares. Construcciones de adobe en plena ruina en medio de una solanera sin final. Aquí no hay nada de la frescura que hemos dejado atrás, parece otro mundo.

Nos queda una última visita: nos dirigimos al despoblado de Las Llanas. Apenas unas pocas casas comidas por la vegetación. No identificamos el cementerio ni la iglesia, quizá no las hubiera.

Pueblo abandonado de Las Llanas. Tierra de Medinceli

Pueblo abandonado de Las Llanas

Descendemos hacia el arroyo Valladar, que nos ha vuelto a encontrar. La pista empeora por momentos. Iniciamos la subida por una pista apenas insinuada que nos lleva hasta las parideras de las Llanas y aquí decidimos ignorar a la intuición y seguir la pista que asciende. Después de una dura subida nos damos cuenta de que esta pista nos aleja de nuestro objetivo: atravesar la A-2. Finalmente, decidimos empujar algo las bicis para poder atravesar la descomunal arteria por un paso de animales (quizá la mejor opción sea volver desde Las Llanas hasta la pista principal e intentar enlazar con la pista que nos llevaría a coger la carretera secundaria que desciende a Jubera).

Tras perder un buen tiempo en este punto, descendemos a la solitaria localidad de Jubera. Enclavada en el espectacular desfiladero abierto por el río Jalón, es probable que en breve pase a ocupar un lugar en la lista de nuestros pueblos despoblados. Aquí tomamos la antigua nacional. Disfrutamos del asfalto. Sin apenas tráfico y con unas vistas espectaculares sobre nuestras cabezas, rodamos sin sobresaltos ni esfuerzo hasta Samoén.

En este punto nos reencontramos con el Camino del Cid que acompaña las aguas tranquilas del río Jalón. El terreno es llano y un tímido bosque de ribera nos permite avanzar con poco esfuerzo hasta las calle de Arcos de Jalón. Dejamos atrás la Tierra de Medinaceli. No nos separamos de las indicaciones del Camino del Cid. Este camino entre lo mítico y lo histórico nos separa de los llanos del valle para acercarnos a otras pobalciones: Aguilar de Montuenga y Montuenga de Soria, antes de descender hasta Santa María de Huerta.

Por delante tenemos el duro tramo final, por lo que aprovechamos para hacer una parada y acercarnos al monasterio cisterciense de Santa María de Huerta. Este monasterio remonta sus orígenes a mediados del siglo XII.

Monasterio de Santa María de Huerta

Monasterio de Santa María de Huerta

Tras un buen descanso a la sombra del espectacular monasterio, retomamos la ruta. Los primeros cuatro kilómetros los realizamos por unas diminuta carrtera (SO-V-4504) que nos adentra por unos breves instantes en tierras mañas. Poco antes de alcanzar las calles de Torrehermosa, nos desviamos por las abundantes pistas que surcan las insinuantes tierras de cultivo.

Empezamos a subir de manera continua y, en algunos casos, con desniveles bastante considerables. Ahora las que nos acompañan son las marcas de un GR aunque no conseguimos determinar si se trata del GR-86. Los campos de cultivo se alterna con los bosques de encinas y las sabinas. El calor aprieta y el esfuerzo no es poco. Algún corzo despistado nos sale al paso sin percibir nuestra presencia.

Los valles nos permiten suavizar la subida, pero nos vemos obligados a sacar fuerzas de las doloridas piernas mientras atravesamos vías de tren de alta velocidad, sinuosos colinas de cereal y pequeños barrancos solitarios.

Pistas a Iruecha

Pistas a Iruecha

Este último tramo se hace duro, durísimo. El calor y el cansancio acumulado no ayuda. Pero la aprición de los sabinares, cada vez más tupidos, nos indican que nos alejamos de las zonas más áridas de las partes más bajas, para adentrarnos en una zona más salvaje. Cuanto más cerca nos encontramos de Iruecha más bonito se torna el paisaje, el cansancio parece difuminarse al mismo ritmo que el sudor atravesado por el olor a naturaleza.

Un último repecho y ahí está, la laguna de Iruecha que nos marca la llegada al pueblo. Atravesamos las calles, no se ve un alma (y dudamos de que el pueblo no esté abandonado). De nuevo en el punto de partida, solo nos queda disfrutar de lo vivido en esta magnífica ruta por la Tierra de Medinaceli.

Recorrido

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