Pinares de Rodeno y Sierra de Jabalón

Datos de la ruta

  • Zona: Sierra de Peñarredonda, Sierra de Jabalón, paisaje protegido de Pinares de Rodeno (creado en 1995), Sierra de Albarracín, Montes Universales.
  • Duración: 2 días.
  • Tipo de recorrido: circular.
  • Tipo de firme: combinación de pistas forestales en buen estado con carreteras secundarias. Corto tramo de carretera comarcal (más ancha y transitada) para salir y llegar al centro de interpretación.

Descripción

Una pequeña sierra llamó nuestra atención hace algunas semanas, la sierra de Jabalón (o Javalón, lo hemos visto escrito con ambas grafías), ahora tenemos la oportunidad de adentrarnos en estas tierras abruptas y salvajes de Teruel. Recorremos pinares que se extienden hasta el infinito entre los que el viento se abre camino arrancando susurros de la tierra. Entre las rocas, visibles solo para las miradas curiosas, innumerables abrigos en los que nuestros antepasados dejaron su huella.

Teruel es una de esas provincias que sufre con resignación el penoso proceso de abandono de sus pueblos. A cambio, una naturaleza vigorosa y revitalizada por la escasez de visitantes hará las delicias de aquellos que busquen lugares nuevos, diferentes, llenos de silencio y bosques solitarios. Esperamos que con esta ruta contribuyamos, aunque sea mínimamente, a que esta provincia se conozca un poco más.

Día 1. Centro de interpretación Donarque-Tormón (47 km-1050 m)

Iniciamos el recorrido en una mañana grisácea y húmeda. Nos encontramos en los Pinares de Rodano, en plena el corazón de la Sierra de Albarracín. A nuestro alrededor, pinares tupidos y aroma a resina. El primer kilómetro lo realizamos por asfalto para conectar con la carretera A-1513. Un mirador nos deja las primeras panorámicas de los rojizos Pinares de Rodeno y los inmensos barrancos que se abren camino por sus entrañas. Una ligera lluvia extrae un verde intenso de la naturaleza agotada por el largo verano.

Pinares de Rodeno

Pinares de Rodeno

Dejamos las indicaciones hacia las pinturas rupestres de Bezas. Son las primeras que vemos, pero no serán las últimas. Este paisaje protegido, entre otros muchos encantos, esconde un importante número de abrigos que albergan importantes muestras de arte levantino que bien merecen una visita sosegada por sus senderos (algunos de ellos perfectamente señalizados para permitir la visita).

A los pocos metros nos desviamos del asfalto para seguir las indicaciones del GR 10. Pedaleamos paralelos a la carretera por un sendero estrecho que nos deja a las puertas de la población de Bezas. Seguimos las indicaciones blanquirojas e iniciamos una dura subida por una pista algo pedregosa, seguimos el camino de Tocomar hasta la Laguna de Bezas. Un viajero solitario nos saluda a nuestra llegada, intercambiamos algunas impresiones antes de proseguir por caminos diferentes.

Laguna de Bezas

Laguna de Bezas

Fieles a las indicaciones del GR 10, seguimos por el camino de la Laguna. El paisaje se vuelve pedregoso, austero. Los pinares dejan paso a las sabinas y arbustos que resisten los fríos inviernos de la zona. En medio del blanquecino firme, asoman apesadumbrados los restos del pueblo abandonado de Las Casillas de Bezas.

Situada a casi 1200 m de altitud sobre la rambla del Cabello, esta pequeña aldea ha visto cómo los habitantes de sus nueve viviendas iban quedando vacías ante la falta de servicios. Su abandono definitivo del pueblo es relativamente reciente, pues la última casa cerró sus puertas en el año 1984.

Las casillas de Bezas

Las Casillas de Bezas

Tras las soledades de Las Casillas, continuamos por la misma pista para atravesar la carretera A-1513 y llegar a la población de El Campillo. No vemos un alma antes de salir por el camino de Rubiales a Teruel que discurre por el barranco de la Fuente del Espino. Seguimos marcas del PR-TE-6 que discurre por los Pinares de Rodeno hasta la población de Rubiales. El silencio lo envuelve todo. La pista nos lleva sin complicaciones hasta el albergue Econatur, a escasos metros se encuentra el pueblo de Rubiales.

Pedaleamos entre sus casas con a esperanza de encontrar algún sitio donde dar descanso a las piernas y tomar algo. No vemos a nadie, ni personas, ni animales, nada. Una indicación de bar nos lleva hasta una puerta cerrada. Dejamos el pueblo sin haber podido saciar las ansias de algo sólido. Dejamos las calles somnolientas siguiendo el camino Fuensanta.

Pasamos por una zona habilitada con mesas y asientos a las puertas del refugio de Valdemadera, que encontramos abierto. Son innumerables las pistas que dejamos a derecha e izquierda, innumerables posibilidades para un futuro próximo. Al margen de la pista aún resisten los esqueletos de las Casas del Pozo Peral.

Casas del Pozo Peral

Casas del Pozo Peral

La pista baila con el rugoso paisaje. Sube, baja y vuelve a ascender, en una sucesión de rampas, cortas pero de fuerte desnivel. Kilómetros de esfuerzo para las piernas. El cansancio empieza a aflorar con cada subida. Los pinos se alzan en busca del cielo desde la tierra rojiza. Entre el tupido pinar asoman las características formaciones rocosas de arenisca que hacen de este paisaje un lugar singular.

Cada nueva subida nos lleva a un nuevo collado que indica el inicio de un nuevo descenso. El collado de los Pradejones (1281 m), el collado de la Grajera (1292 m). Por fin en el collado de los Burros (1383 m) iniciamos el descenso. Un estrecho hilo de asfalto nos conduce hasta el desvío que indica las pinturas rupestres de Tormón, en esta ocasión nos acercamos a visitar esta pequeña joya arqueológica.

Casa forestal Tormón

Casa forestal Tormón

Llegamos a la casa forestal Tormón, situada en los límites del paisaje protegido de los Pinares de Rodeno. Desde aquí alcanzamos fácilmente las indicaciones de las pinturas. Sin necesidad de bajarnos de la bici alcanzamos el abrigo de la Cerrada del tío Jorge. Para llegar al abrigo de Ceja de Piezarrodilla tenemos que dejar las bicis abajo y ascender por una pronunciada cuesta.

Todas las pinturas se corresponden con las denominadas pinturas levantinas, son de pequeño tamaño y mayoritariamente son representaciones de animales. Aunque las más características son las representaciones de color rojizo, podemos encontrar representaciones en tonos negruzcos y en blanco. Desde los abrigos más elevados la panorámica de los bosques y sus ondulaciones es grandiosa.

Abrigo de Ceja de Piezarrodilla

Abrigo de Ceja de Piezarrodilla

Algo más alejado podemos acercarnos a otros dos abrigos. El abrigo de la Paridera, donde se observa con dificultad una figura humana; y al abrigo de las Cabras Blancas (considerada la estación de arte rupestre más importante de la zona de Tormón) donde observamos una escena de caza de cáprido en tonos blancos. Esta breve excursión nos despierta, aún más, las ganas de dedicar una jornada a andar en busca de estos abrigos y recorrer estos senderos.

Dejamos atrás el pasado y retomamos la carretera. Desde el collado Arnal (1216 m) iniciamos un descenso vertiginoso hasta las aguas del río Ebrón, en cuyas orillas se esparcen las casas del pueblo de Tormón. Aquí nos espera el albergue El abrigo de Tormón, un lugar ideal como centro para realizar pateadas por la zona y para un merecido descanso para nuestras piernas.

Día 2. Tormón-Centro de interpretación Donarque (55 km-1300 m)

La mañana nos recibe con un sol espléndido y un viento gélido. Tormón, en lo profundo del angosto valle bañado por el río Ebrón, no deja más opciones que iniciar la jornada subiendo. Seguimos la carretera A-2703. Sólo un solo coche altera nuestro pedaleo y el asfalto hace que la ascensión parezca suave. A los dos kilómetros, al abrazo de una curva pronunciada, nos encontramos con una zona habilitada, lo que parece un refugio y los restos de una antigua tejería.

Seguimos ascendiendo golpeados por un fuerte viento hasta alcanzar el pueblo de Alobras. Aquí nos desviamos por la pista de Cañigral. A los pocos metros hacemos un alto en el camino, nos desviamos para ver el Pino Ramudo que, según lo escrito a mano en el cartel que lo anuncia, es único en el mundo. Un sendero estrecho nos deja en apenas trescientos metros ante un pino inmenso, sus brazos retorcidos se elevan en oración hacia el cielo, el fuego dejó en su interior (hace ya algunos años) un vacío. No estamos seguros de que el gigante siga vivo.

Pino Ramudo

Pino Ramudo

La pista está asfaltada, pero la pendiente se agudiza con cada pedalada. Arañamos metros a la interminable subida. En el Alto de la Casa (1448 m) recibimos el puñetazo del viento. Iniciamos un ligero descenso hasta salvar el barranco de  Tornajuelos y alcanzar la carretera A-2703.

Pista de Cañigral

Pista de Cañigral

A su vera encontramos el pueblo abandonado de El Cañigral, al borde de la Sierra de Jabalón. Esta localidad se sitúa a una altitud de 1425 m. En el margen izquierdo de la carretera se encuentra la ermita, en el margen derecho se extienden los restos de lo que fue un pueblo de modestas dimensiones.

El Cañigral. Cementerio

El Cañigral. Cementerio

Como tantos otros pueblos de la zona, El Cañigral vivió el éxodo de sus vecinos en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. Quedó definitivamente abandonado en el año 1977. Entre los edificios que luchan por mantenerse en pie, el mejor conservado es la escuela, visible desde la carretera. Nos acercamos hasta el cementerio. La puerta está caída, el interior cubierto de maleza seca, envejecida. Solo una lápida es visible entre la hierba marchita, el cuidado y las flores indican que aún no han sido olvidados. En el suelo se adivinan restos de flores y montículos de tierra. El aroma del olvido lo envuelve todo.

Con el sabor amargo del abandono, seguimos ascendiendo por la carretera. En un par de kilómetro la abandonamos para adentrarnos en la sierra de Jabalón siguiendo el camino de Cañigral. El camino es muy bueno, avanzamos rápidos, disfrutamos del paisaje. Unas indicaciones delatan que seguimos la Ruta del Jabalón. En los Corrales de la Cuerdas nos unimos a un corto tramo de pista de firme apisonado, pero nuestra ruta nos lleva a adentrarnos en caminos menos transitados.

Iniciamos un suave descenso que serpentea por la ladera de las fuertes pendientes. Salvamos el barranco de la Hoz con un baile sinuoso impregnado de olor a resina. Solo el viento recorriendo los tortuosos barrancos rompe el silencio que todo lo llena.

Camino de Cañigral. Sierra de Jabalón

Camino de Cañigral. Sierra de Jabalón

Ni un alma nos sale al encuentro. Solo nuestras bicis, el cielo azul, las nubes y un camino infinito por delante. El paraíso. Tras pasar la Hoz Seca, volvemos a ascender. Pendientes cortas pero intensas nos permiten salvar los numerosos barrancos sedientos que agrietan estos montes: el barranco de las Balsillas, el barranco del Pozuelo.

Una indicación llama nuestra atención. Dejamos las bicis y nos acercamos al lugar conocido como Pozo Emiliano. Para nuestra sorpresa, a pesar de la evidente sequedad de la tierra, encontramos un pozo con abundante agua. Poco después enlazamos con la pista de Jabaloyas al Collado de las Tabernillas. Tras una breve subida, después de salvar la Rambla de la Bóveda, llegamos a la Masía de Ligros.

Masía de Ligros

Masía de Ligros

En las proximidades de la Masía de Ligros se pueden visitar los restos de un campamento de maquis. Hemos visto las indicaciones en la pista, pero ahora no localizamos por donde tenemos que ir. Decidimos dejar la visita para una ruta de senderismo más pausada y proseguir con el recorrido trazado.

En este punto nos desviamos por una pista en peor estado que nos permite remontar el barranco de Ligros. El paisaje cambia, los pinos y las sabinas dejan espacio a las encinas que escoltan el camino hasta un pequeño collado a 1330 m. El descenso parece marcar el final de los encinares y los pinos omnipresentes en esta ruta vuelven a acaparar todo el protagonismo.

Barranco de Ligros

Barranco de Ligros

La pista, sin apenas subida, acerca al final de la ruta. Un camión nos sorprende, le dejamos paso. Sabemos que es el indicativo de la proximidad del asfalto, del ruido y del final de la ruta. A los pocos metros enlazamos con la carretera A-1513. Aunque aún quedan algunos kilómetros, este descenso tiene sabor a final. Un último disfrute nos espera. A la altura d la Fuente Buena nos desviamos del asfalto para llegar al Centro de Interpretación de la Naturaleza.

Nos hacemos los remolones en el Centro de interpretación, paseamos por sus maquetas y pequeños paneles explicativos. Pedimos algo de información sobre las pinturas rupestres y nos llevamos la ilusión de una próxima ruta para conocer, esta vez a pie, los senderos y tesoros arqueológicos de los Pinares de Rodeno. Y sin más excusas posibles, finalizamos la ruta en el punto en que la iniciamos, con la sensación de haber descubierto un paraíso para las dos ruedas. Volveremos.

Recorrido

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Información práctica

Bibliografía

  • ALONSO, PILAR; GIL, ALBERTO. Pueblos abandonados. Editorial Susaeta.

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